Semblanza de la Cultura China (3ª parte)
- dlcchivilcoy
- 7 dic 2020
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Zheng He fue el más importante viajero y descubridor chino. Era un eunuco que realizó al menos siete extraordinarios viajes entre 1405 y 1433, por el sur del Océano Pacífico, el Océano Indico, Taiwán, el Golfo Pérsico y las costas de África. Incluso hay quienes creen que llegó a América antes que Colón.
Zheng He nació en Kunyang, una ciudad de la provincia de Yunnan, su familia pertenecía a un pequeño grupo étnico conocido como los semur. Eran originarios de Asia central de religión islámica; por eso sus antepasados habían realizado muchas peregrinaciones a La Meca. De esas historias familiares nació en Zheng He el deseo de viajar.
Cuando los Ming conquistaron Yunnan, Zheng He fue trasladado a Nanjing, donde estuvo al servicio de un príncipe. Su papel en la corte fue creciendo hasta que alcanzó el puesto de Almirante de los Mares Orientales. A partir de allí con sus expediciones pudo expandir la cultura china y poner al imperio en contacto con otras realidades culturales y abrir nuevos mercados. Lamentablemente fue víctima de la envidia de algunos cortesanos que intrigaron contra él y que lograron influir en el ánimo del emperador para que lo desplazara de su cargo con la excusa de que sus viajes le ocasionaban más pérdidas que ganancias al Estado. Después de veintiocho años dedicados a la navegación y de haber recorrido cerca de cincuenta mil kilómetros y visitado más de treinta países, fue destituido y China abandonó la exploración oceánica en el peor momento. Cuando los europeos comenzaban su exploración interoceánica y su expansión mundial. Con lo cual años más tarde, al producirse el contacto entre Chinos y europeos, los primeros estarían en inferioridad de condiciones para afrontar la nueva situación mundial.
China Después de los Ming.
La dinastía Ming entró en decadencia, afectada por una conjunción de revueltas internas, invasiones extranjeras y corrupción en la corte y la administración. Finalmente en el año 1644, la dinastía Ming llegó a su fin y fue reemplazada por la que sería la última dinastía imperial: la de los Qing, comúnmente denominados manchúes. Estos no eran chinos propiamente dichos; se trataba de un pueblo de origen tungús (grupo étnico que habita la parte oriental de Siberia y que está emparentado tanto con los mongoles como con los turcos) con algún parentesco con los chinos. Tras unificarse y convertirse en una formidable fuerza militar bajo el mando de su líder Nurha-Chi y su hijo Abahai, los manchúes habían conquistado parte de China y, cuando el último emperador Ming se suicidó en 1644 se adueñaron del poder. Los manchúes adoptaron casi totalmente el aparato administrativo de la época Ming, pero impusieron un riguroso control y combatieron la corrupción burocrática.
Bajo la dinastía manchú se produjo, como consecuencia de las necesidades de afianzar su dominio en China, un progresivo fortalecimiento de la figura del emperador, en perjuicio de las instituciones gubernamentales.
Durante el siglo XVIII, China vivió una de sus épocas más prósperas, bajo los emperadores manchúes quienes hicieron evolucionar al imperio aceleradamente en política, administración, economía, sabiduría y arte. Pero en el siglo XIX y principios del XX otra vez China entró en una etapa de decadencia, que fue aprovechada por las potencias europeas y los EE.UU. para menoscabar su soberanía, hasta que finalmente la dinastía manchú fue derrocada por medio de una revolución en 1912 que puso fin a 2000 años de gobierno imperial, convirtiendo a China en una república.
Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile
Cita
1)- Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe, ob., cit., T. 9, pág. 2588.
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