Semblanza de la Cultura China (2ª parte)
- dlcchivilcoy
- 6 dic 2020
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El emperador Yongle de la dinastía Ming, trasladó la capital del imperio a Pekín en 1421. Esta ciudad está ubicada en un lugar estratégico, y como de su seguridad dependía la existencia del imperio, estaba defendida por fuertes murallas. La elección del emplazamiento estuvo a cargo de los geomantes (personas supersticiosas que creían en la adivinación del futuro mediante el uso de las corrientes terrestres). Mientras que los arquitectos fueron los encargados de edificarla de acuerdo con el concepto chino del Cosmos. Esta ciudad simbolizaba la armonía cósmica que debe unir el cielo y la tierra. La forma de la ciudad es cuadrada y está construida en torno a dos ejes, uno que corre de norte a sur y otro que lo hace de este a oeste.
Sobre el primero se hallan las construcciones más importantes y, en la unión de ambos se encuentra la Ciudad Prohibida protegida por una triple muralla que marcaba la primacía absoluta del emperador.
La Ciudad Prohibida fue concluida en 1421 y toda ella consiste en el lujoso palacio del emperador. El mismo es un conjunto de edificios y palacetes rectangulares distribuidos simétricamente en patios. Al ingresar se pueden ver los edificios oficiales y administrativos.
La residencia del emperador y de su corte se encontraba casi al final del complejo. Estaba penado con la muerte ingresar a la Ciudad Prohibida sin autorización.
Una revolución nacionalista llevó al poder a la dinastía Ming, la cual expulsó a los mongoles. Por eso sus emperadores procuraron revalorizar toda la cultura china, en particular el arte y la literatura. Fueron gobernantes absolutistas, que administraron un Estado centralizado y de ese modo lograron impedir cualquier intento de rebelión.
Los emperadores del siglo XV fueron muy eficientes y rectos, brindándole a China un período de esplendor.
El primer emperador de la dinastía Ming fue Hongwu, quien dividió a la población en tres categorías: artesanos, campesinos y soldados; que eran heredadas de generación en generación.
Creó una universidad que por su nivel académico atrajo a estudiantes de Japón y Corea y, además, se encargó de declarar al budismo y al taoísmo como religiones oficiales del Estado. Sus sucesores se dedicaron a impulsar el desarrollo del comercio y la navegación; logrando convertir a China en una potencia marítima y comercial.
La dinastía Ming asaltó el poder mediante la revolución de 1368, que puso fin a la dinastía Yuan y a la dominación mongola sobre China. La nueva dinastía se llamó Ming, que significa brillante o claro y sus primeros emperadores disfrutaron de un período de paz y desarrollo basado en una administración centralizada y eficiente.
La reorganización administrativa adquirió una forma piramidal: había trece gobiernos provinciales, divididos a su vez en 159 prefecturas y estas en cantones. Todos dependían de un gobierno central, en cuyo vértice se encontraba el emperador, quien ejercía el poder supremo, sin ninguna limitación. Había seis ministerios: Finanzas, Guerra, Justicia, Personal, Ritos y Obras Públicas. Todos ellos estaban bajo su control. La autonomía provincial fue eliminada. El Consejo imperial asesoraba al emperador, pero no podía tomar ninguna decisión. No obstante, tenía mucha influencia política y social ya que controlaba los exámenes de la administración y la educación del príncipe heredero, además de presidir algunos rituales religiosos. Estos consejeros imperiales o mandarines rivalizaban con los eunucos que desde mediados del siglo XV tenían gran influencia al controlar muchas de las decisiones del Consejo. Los eunucos vieron reforzada su autoridad por voluntad del emperador que de este modo quiso limitar el creciente poder de los mandarines. Así fue como los eunucos terminaron dominando la política interior debido a su fuerte ascendiente sobre la voluntad del emperador, en cuya intimidad vivían desde que era niño. A todos estos factores de poder hay que sumarle un poderoso ejército bajo el mando del emperador.
Para ascender en el ejército era requisito tener idoneidad y lealtad al emperador. La centralización de la burocracia y el ejército reforzaba aún más la autoridad imperial, absoluta y despótica. Los distintos sectores de la corte -mandarines, eunucos, censores, militares- se enfrentaban entre ellos tratando de imponer su candidato a príncipe heredero, que era elegido por el emperador entre sus numerosos hijos de diversas madres, pero terminaban neutralizándose mutuamente.
Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile
Citas
1) - Drago, Alfredo L., “Historia Moderna y Contemporánea”, Buenos Aires, Editorial Stella, 5ª ed. 1972, pág. 29.
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