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EFEMÉRIDES: 14 DE NOVIEMBRE. LA BATALLA DE AYOHUMA

  • Foto del escritor: dlcchivilcoy
    dlcchivilcoy
  • 21 nov 2020
  • 4 Min. de lectura

La Batalla de Ayohuma y sus Consecuencias (2º Parte)

Al amanecer del 14 de noviembre de 1813, Pezuela ordenó el descenso y como Belgrano no lo atacó, pudo llegar al llano, organizar sus tropas y armar su poderosa artillería. La que sería desequilibrante en el desarrollo de la batalla. La cual estaba fuera de la vista de los criollos, porque entre la montaña y el campo de Ayohuma había una línea de lomas. Belgrano pensaba erróneamente que por ellas aparecería el enemigo. Pero Pezuela adoptó otra estrategia. Envió un grupo para que se mostrase en lo alto de las lomas, engañando a los independentistas y simultáneamente destacó un cuerpo para que tomara un cerro a la espalda de aquéllos y, al mismo tiempo, marchó con el grueso de sus tropas -siempre fuera de la vista de Belgrano- hasta el fin de las lomadas. A todo esto la temperatura había subido, lo que haría que la batalla se librase bajo un calor abrasador.

Como resultado de estas maniobras Pezuela apareció en la llanura por un punto por donde Belgrano no lo esperaba. En ese momento, su poderosa artillería de 18 cañones abrió fuego sobre el Ejército del Norte con un efecto devastador durante media hora que los criollos no pudieron devolver con sus 8 precarios cañones de menor alcance y menor poder de fuego. Después, Pezuela avanzó, mientras el cuerpo que ocupaba el cerro atacaba a los criollos por el flanco.

Belgrano reaccionó ordenando el avance de su infantería, pero este se tornó muy complicado porque las zanjas que cruzaban el campo, que supuestamente servirían para dificultarle el avance al enemigo, se convirtieron en un obstáculo para sus infantes.

Sin embargo, bajo el fuego de los cañones y fusiles realistas, y demostrando un coraje que provocaría la admiración de Pezuela, [1] la infantería criolla cruzó el campo. Pero cuando estaba a corta distancia de las líneas enemigas, no pudo cargar a la bayoneta porque fue atacada en forma simultánea por el flanco y por la retaguardia por los realistas. Los infantes terminaron abandonando el campo, mientras dejaban más de 500 prisioneros en manos del enemigo y la mitad de su armamento. El centro y el ala derecha de Belgrano quedaron definitivamente deshechos. La última esperanza que le quedaba era la caballería de la izquierda. Pero Pezuela sabedor de que era numerosa y bien montada, concentró para enfrentarla dos batallones de infantería y 10 cañones. Los jinetes, al mando de Díaz Vélez se lanzaron al ataque, pero fueron rechazados por un intenso cañoneo que los dispersó. El coronel Zelaya pudo reunirlos nuevamente y volvió a la carga una y otra vez, apoyado por los escuadrones de Diego Balcarce y Máximo Zamudio. Esto permitió que se pusiese a salvo la infantería, que de otro modo hubiera sido aniquilada en su totalidad. Pero ya la batalla estaba perdida. Belgrano y Díaz Vélez, no sin riesgo personal, lograron que los dispersos alcanzaran las lomas cercanas al campo de batalla. Belgrano desde allí enarboló la bandera y ordenó a sus clarines que tocaran a reunión con lo cual pudo reagrupar a unos 400 infantes y unos 80 jinetes.

El saldo de la sangrienta batalla fue en el Ejército del Norte de

200 muertos, 200 heridos y más de 500 prisioneros, además, de toda la artillería, bagaje y parque. Las pérdidas de Pezuela ascendieron a unos 200 muertos y 300 heridos.

Con gran coraje, Díaz Vélez, con menos de un centenar de jinetes, protegió la retirada de los infantes, soportando un fuego graneado que no se detuvo hasta la puesta del sol. Durante la retirada los soldados Alderete y Gaona perdieron la vida para proteger al mayor Ramón Estomba que estaba herido en el muslo. El capitán José María Paz, al saber que su hermano Julián había perdido su caballo y nadie lo auxiliaba, volvió atrás arriesgando su vida para rescatarlo.

El 16 de noviembre, el derrotado Belgrano llegó a Potosí, y dos días más tarde, ante la proximidad de las tropas enemigas, partió, rumbo a Jujuy, al frente de algo más de 800 hombres. [2] Era todo lo que quedaba del Ejército del Norte que estuvo a su mando hasta el 30 de enero de 1814, cuando en la posta de Yatasto o según otras versiones en la posta del Algarrobal le entregó el mando a San Martín. Con esta derrota terminó la Segunda Campaña al Alto Perú, territorio que volvió a quedar en poder de los realistas, con lo cual nuevamente quedó amenazada desde el Norte la revolución. Aunque cabe señalar que dentro de aquel subsistieron focos de resistencia que debilitaron la retaguardia enemiga y alteraron los planes de los españoles de sacar mayor provecho de sus triunfos sobre Belgrano. Éste, además, de perder el mando del Ejército iba a ser sometido a juicio para que se hiciera responsable de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y diera explicaciones sobre las mismas, pero finalmente tanto la Asamblea como el Segundo Triunvirato consideraron perjudicial para la moral de la tropa enjuiciar al que había sido su jefe y el juicio quedó sin efecto.


“Las Niñas de Ayohuma”


En medio del fragor de esta batalla librada el domingo 14 de noviembre de 1813 desde la media mañana en la pampa de Ayohuma durante algo más de tres horas; aparecieron tres arriesgadas y valientes mujeres que han pasado a la historia como “Las niñas de Ayohuma”. Ellas eran María de los Remedios del Valle y sus hijas, quienes en medio de las balas, viendo que el calor sofocante provocaba sed en los soldados criollos y que el mortal fuego de la artillería enemiga causaba gran cantidad de muertos y de heridos. Sin pensar en lo peligroso que era internarse en el campo de batalla, comenzaron a atenderlos dándoles de beber, curando sus heridas, alentándolos e incluso sabemos que al menos María de los Remedios del Valle combatió.

Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile


Citas

1) - Quien escribió en su parte de batalla refiriéndose a la tenacidad con que el Ejército de Belgrano sostenía su posición: “Si parece que hubiera criado raíces en el lugar que ocupa”.

2) - Páez de la Torre, Carlos. H., El gran desastre de Ayohuma, en La Gaceta, edición digital, https://www.lagaceta.com.ar/nota/567547/sociedad/gran-desastre-ayohuma.html. Consulta del 28/07/2019.

3) - Cegarra, Carmen Julia, Ayer y Hoy. Libro de Lectura para 5º Grado, Buenos Aires, Luis Lasserre y Cía. S. A. Editores, 9ª ed. 1967, pág. 94. Dibujo de A. y P. Pollio.

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