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PANDEMIA

  • Foto del escritor: dlcchivilcoy
    dlcchivilcoy
  • 10 abr 2020
  • 3 Min. de lectura

“Los intereses de aproximación internacional han surgido generalmente a partir de problemas concretos y sin una previa visión universalista. En este sentido, no respondieron a las auténticas necesidades de los pueblos, sino a los intereses particulares de los grandes grupos de poder. Es preciso ahora revertir el proceso, elaborando a la luz de la voluntad de los pueblos los procesos que habrán de contribuir a la futura comunidad mundial”.

Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada.

Sin dudas el mundo cambiará luego de esta pandemia. Y no cambiará porque un manto de bondad nos cubrirá o por brote de conciencia moral colectiva, sino que será por mero instinto de supervivencia: o cambian las reglas de juego en el planeta o las reglas de juego acaban con la humanidad. Tan simple como esto.

El capitalismo enfermizo, salvaje e inhumano ha llegado a su fin (en términos prácticos sin intelectualizar nada) porque claramente su existencia mata. Mata de todas formas posibles, en todas sus formas posibles. Es contundente el fracaso de las políticas neoliberales en el planeta (definitivamente acabado y sepultado el Consenso de Washington, para aquellos que deseaban su reinvención), acabada la fortaleza infranqueable del G-20 y absolutamente devaluado el G-7, donde no necesitamos ningún razonamiento ideológico para verlo y comprenderlo, solo basta con mirar la televisión mundial para darnos cuenta que el mercado no salva una sola vida, no pone un solo respirador, no abre un solo hospital, no genera una sola vacuna; las naciones que decidieron salvar al sistema financiero y abandonar el rol del Estado hoy no pueden dejar de contar muertos, no pueden negar el colapso de sus sistemas de salud por vaciamiento presupuestario y trasladar algo indelegable del estado a manos de los privados, no pueden ocultar ante los ojos de la humanidad que sus políticas son criminales, devastadoras e inhumanas, miren Nueva York sino, observen la panacea del capitalismo mundial, EEUU (aparte de sus 65 millones de norteamericanos en la pobreza extrema) tendrá más de medio millón de muertos en esta pandemia. Un párrafo aparte se merece Brasil, que lamentablemente está en manos de un demente mal nacido, cosa que el pueblo brasileño deberá solucionar de forma inmediata o las consecuencias serán trágicas mas allá de esta pandemia.

El Covid-19 dejo al desnudo que el mundo no puede seguir funcionando de esta forma, no puede seguir destruyéndose todo en función de los intereses del libre mercado, hay que frenar al capitalismo voraz y comenzar un nuevo orden mundial que nos permita reparar el daño causado en lo que se pueda y detener lo que es irreversible: lo ambiental por ejemplo, la casa de todos. Evidentemente hay que detener este sistema inviable. Es irracional que el 1% de la población mundial maneje el 43% de los activos del mundo, que el 10% más rico posea el 83% del PBI mundial y el resto de la humanidad deba vivir con el 17% sobrante, no hay ninguna posibilidad de seguir de esta forma. No se puede naturalizar la muerte de 30.000 chicos por día por causas absolutamente prevenibles y solo lavamos la conciencia aportando unas monedas a una cuenta para alguna ONG; es inaceptable que en nuestra América Latina haya 280 millones de pobres y que nuestro país tenga 14 millones, no puede ser posible, no se puede seguir así. Ha fracasado este sistema económico de deshumanización, ha fracasado rotundamente el fundamentalismo de mercado, ha fracasado el asesino “sálvese quien pueda” y ha fracasado, a su vez, todo un sistema político que hace mucho tiempo abandonó el mundo de las ideas para pasar a pertenecer al mundo de los intereses, ese mundo que hoy no puede evitar este colapso de desolación y muerte.

Después de esta pandemia deberá la humanidad buscar la salida de forma colectiva y solidaria, un planeta lleno de oportunidades exige la necesidad de asumir responsabilidades éticas frente a los desafíos sociales de un nuevo orden, con reglas de juego más justas, más libres y más soberanas, donde el valor de la solidaridad y la participación sean el énfasis de pensar éticamente un nuevo desarrollo. Llegó el fin de las mezquindades políticas, sociales y económicas, o nos tendemos la mano como hermanos o nos condenamos, en un tiempo muy breve, a las reacciones más violentas que serán aun más devastadoras que este virus.

Por: Pablo Poggi

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