EFEMÉRIDES DEL MES DE DICIEMBRE: 10 DE DICIEMBRE DE 1825, ESTALLA LA GUERRA CONTRA BRASIL La Guerra
- dlcchivilcoy
- 17 dic 2019
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Las acciones militares
Las tropas argentinas fueron puestas al mando del general Alvear quien partió de Entre Ríos, cruzó el río Uruguay y entró en la Banda Oriental por la localidad de Soriano, avanzó hacia Paysandú y luego se dirigió al centro del territorio. Los brasileños se vieron obligados a evacuar Montevideo y Alvear inició su persecución hacia el Norte. El entonces coronel Lavalle los derrotó en la batalla de Bacacay (13 de febrero de 1827) y el general Mansilla en Ombú (15 de febrero de 1827). Como los brasileños se habían refugiado en la sierra de Camacuá, Alvear fingió una retirada con lo cual logró que el grueso del ejército brasileño abandonara su posición y fuese atraído hacia una trampa que le permitió derrotarlo completamente en la batalla de Ituzaingó (20 de febrero de 1827). En esta batalla perdió la vida el coronel Brandsen. Posteriormente el ejército Republicano se enfrentó al enemigo en el combate de Camacuá (23 de abril de 1827), obteniendo una nueva victoria. En esta oportunidad las tropas estuvieron al mando del general Lucio Norberto Mansilla, secundado por los generales José María Paz y Anacleto Medina. Un nuevo enfrentamiento con tropas imperiales se produjo en Yerbal. Ambos bandos reclamaron el triunfo para sí. Por lo que podemos considerar en la actualidad que el resultado fue indeciso. En esta oportunidad la columna republicana estuvo al mando de Lavalle, pero también participó Alvear del encuentro producido el 25 de mayo de 1827.
En el Río de la Plata, pese a la superioridad numérica de la flota brasileña; el almirante Guillermo Brown (marino irlandés al servicio de nuestro país) le infligió varias derrotas: la primera de ellas en aguas cercanas a Colonia, que obligó a la flota brasileña a alejarse de ese lugar. En los Combates de Los Pozos (11 de junio de 1826), Quilmes (30 de julio de 1826) y Juncal (8 y 9 de febrero de 1827).
Un ataque brasileño contra nuestra base de buques corsarios (buques que asaltan a la flota mercante de los países enemigos y comparten el botín obtenido con el país que les presta ayuda), fue totalmente rechazado en Carmen de Patagones el 7 de marzo de 1827, con lo cual el bloqueo al Río de la Plata resultaba burlado por nuestros buques que atacaban las naves brasileñas en sus propias aguas. Pero la derrota sufrida por nuestra flota en la batalla de Monte Santiago librada los días 7 y 8 de abril de 1827 limitaron a nuestra Armada a defender el puerto de Buenos Aires, hostilizar los avances imperiales sobre el puerto del Salado al sur y por el norte dar apoyo de convoy a los transportes de refuerzos y abastecimientos al frente oriental.
Cabe acotar que el ejército argentino en tierra venció a tropas superiores en número, pero falto de recursos materiales no pudo proseguir su avance hacia Río de Janeiro.
La Caída de Rivadavia
En 1827 la situación del país era gravísima. Rivadavia y su círculo habían encendido la chispa de la guerra civil. Provocando el enfrentamiento entre Buenos Aires y el interior por su obstinación de imponerle al país una constitución unitaria. Argentina estaba agotada económicamente y por lo tanto carecía de recursos para continuar la guerra con Brasil. En ese contexto Rivadavia envió a Manuel José García a negociar un tratado de paz. Si lograba firmar una paz más o menos honrosa, podría disponer de las tropas del Ejército Nacional para reprimir a los caudillos provinciales e intentar imponerles la Constitución unitaria que se había sancionado en 1826. Pero cuando se conoció el acuerdo que este había negociado, el rechazo fue unánime. Pues era decididamente vergonzoso, ya que reconocíamos -pese a que estábamos ganando la guerra- la posesión brasileña de la Banda Oriental y nos comprometía a abonarle a Brasil una indemnización por las pérdidas ocasionadas durante el conflicto. Inglaterra presionaba para terminar con el enfrentamiento bélico, porque se perjudicaba su comercio, y quizás instó a García para firmar ese tratado sin el acuerdo de Rivadavia. Por lo menos, Rivadavia afirmó que él no dio esas instrucciones a García. Pero las provincias se levantaron indignadas, porque ya no lo soportaban y debió renunciar.
El general Alvear al frente de las tropas argentinas durante la batalla de Ituzaingó.[1]
Presidencia de Vicente López y Planes (7 de julio de 1827 – 18 de agosto de 1827).
El Congreso de Buenos Aires nombró como presidente a Vicente López y Planes en forma provisoria y devolvió a la provincia de Buenos Aires el territorio que Rivadavia había federalizado. El pueblo de la provincia eligió entonces como gobernador a Manuel Dorrego, Vicente López y Planes renunció, el Congreso se disolvió y quedamos nuevamente sin un gobierno central. Por la Ley Fundamental, que estaba nuevamente en vigencia, Manuel Dorrego se debía hacer cargo de las relaciones exteriores y, por supuesto, de la continuación de la guerra.
Dorrego Gobernador de la Provincia de Buenos Aires (13 de agosto de 1827 - 1 de diciembre de 1828).
Dorrego asumió la gobernación en agosto de 1827. Era federal y su postura había sido, en el Congreso General Constituyente que sesionó entre 1824 y 1827, la defensa del pueblo, por lo que era adorado por la “chusma” (frase despectiva con la que los unitarios se referían a la gente humilde).
Pese a no haber tenido en 1820 buena relación con los caudillos, cambió la opinión de los mismos en el Congreso de 1824. Ahora estaba dispuesto a sancionar una Constitución federal -ya que la unitaria había sido rechazada- para lo cual urgía a las provincias a formar una Convención[2] en Santa Fe, que debía comenzar a funcionar en noviembre de 1827.
Dorrego quería continuar la guerra contra el Brasil, pero no tenía fondos, y el Banco creado por Rivadavia, tenía de “Nacional” sólo el nombre, pues tenía su directorio controlado por los intereses británicos.
Es decir, tampoco tenía dónde pedir dinero prestado para la continuación de la guerra. Por ello el 27 de agosto de 1828 debió firmar en Río de Janeiro un Acuerdo Preliminar de Paz con el Brasil, que aceptó la independencia de la Banda Oriental. La cual pasó a llamarse República Oriental del Uruguay. Así fue como se perdió en el campo diplomático una guerra ganada en el campo de batalla y la gran vencedora fue Inglaterra que logró crear un Estado tapón en el Río de la Plata, aplicando el principio de dividir para reinar y, debilitar, por supuesto, a sus eventuales enemigos.
Este tratado de paz le costó la vida a Dorrego, porque las tropas que habían combatido en la guerra fueron convencidas de que este era un traidor y el general Lavalle fue instigado por los unitarios para sublevarse contra él y fusilarlo.
Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile

[1] Imagen tomada del “Manual del Alumno Bonaerense. Quinto Grado. Cuarto Grado de la Nomenclatura Anterior”, Buenos Aires, Kapelusz, 1ª ed. 7ª tirada, 1967, pág. 75.
[2] Reunión de representantes del pueblo con poderes para dictar o modificar una constitución.