EFEMÉRIDES DEL MES DE JULIO: LA REVOLUCIÓN FRANCESA DE 1789 LA REVOLUCIÓN FRANCESA DE 1789 Y SU INF
- dlcchivilcoy
- 15 jul 2019
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Las Nuevas Ideas
En la Revolución Francesa influyó la filosofía iluminista que sostenía que la razón humana iluminaba el saber y el progreso y negaba la creencia de que los reyes tuvieran el poder por la voluntad de Dios y decía que el Estado debía representar la voluntad de la mayoría. Además, nuevos economistas defendían el libre comercio.
La Revolución Francesa de 1789
La mayoría de los franceses eran campesinos pobres y burgueses -comerciantes, profesionales y artesanos- llamados Tercer Estado, pero los nobles y el clero -el 4% de la población- concentraban la tierra y los beneficios de los impuestos. En 1789, en medio de una gran tensión social, el rey Luis XVI convocó a los Estados Generales, (reunión de representantes de todos los sectores sociales). Se inició entonces una revolución que con el lema “Libertad, igualdad y fraternidad” proclamó los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Primero la Asamblea Constituyente sancionó una Constitución que adoptó como forma de gobierno la monarquía constitucional (1791), pero cuando el rey Luis XVI intentó fugarse del país y, tras su arresto se produjeron graves disturbios el 9 y 10 de agosto de 1792 protagonizados por el pueblo que estaba indignado ante la actitud del rey, de quien sospechaba que estaba conspirando contra la revolución con ayuda extranjera. La Asamblea Legislativa, presionada por la multitud enardecida destituyó al rey el 10 de agosto de 1792, anuló la Constitución de 1791 y convocó a una Convención que proclamó la Primera República Francesa (1792-1804). Luego ésta juzgó al rey, que fue acusado de traición a la patria y sus integrantes lo declararon culpable. Condenándolo a morir decapitado. La sentencia se cumplió el 21 de enero de 1793.
Pero no se logró establecer un gobierno sólido ni democrático. La Revolución se fue devorando a sí misma. Sus líderes se fueron alternando en el poder y eliminando unos a otros, mientras los reyes de los demás países europeos le declaraban la guerra a la Francia revolucionaria para impedir la expansión de sus ideas. En esas circunstancias comenzó a surgir la figura de Napoleón Bonaparte, que alcanzó el título de emperador de Francia en 1804. Con lo cual la revolución quedó en parte desvirtuada porque uno de sus ideales era el establecimiento de gobiernos republicanos, con división de poderes para eliminar el absolutismo.
Tras la caída de Napoleón en 1815 en Europa retornó el absolutismo monárquico. Los franceses debieron realizar una nueva revolución en 1830 para lograr derrocar al rey absolutista Carlos X y su reemplazo por el rey Luis Felipe I, pero este también defraudó las expectativas del pueblo y fue derrocado por una nueva revolución en 1848. Luego de la cual un Gobierno Provisional proclamó la Segunda República Francesa (1848-1852). Fue electo presidente Luis Napoleón, sobrino de Napoleón Bonaparte. Luis Napoleón carecía del talento de su tío, pero tenía la misma ambición de poder y por ello, mediante un plebiscito logró hacerse proclamar emperador de Francia con el nombre de Napoleón III en 1852. Como consecuencia de estos hechos comienza en Francia el Segundo Imperio que se extendió hasta 1870. Ese año Napoleón III fue derrotado y tomado prisionero por los prusianos, contra quienes venía sosteniendo una guerra. Sus enemigos proclamaron la Tercera República Francesa, la cual atravesó gravísimos problemas, entre ellos, las dos guerras mundiales y la depresión económica provocada por la quiebra de la Bolsa de Nueva York de 1929. En 1947 se estableció la Cuarta República que estuvo en vigencia hasta 1958 y que se caracterizó por una gran inestabilidad política. En 1958 Charles De Gaulle proclamó la Quinta República que subsiste hasta hoy, después de haber soportado la rebelión del Mayo Francés de 1968 con sus prolongadas huelgas y cuestionamientos a la sociedad de consumo y afrontando en la actualidad, entre otros, el problema de las protestas antisistema de los chalecos amarillos (2018), con un fuerte trasfondo social que pone en tela de juicio la vigencia de los derechos reconocidos en 1789. Cuyo cumplimiento en el mundo ha atravesado y atraviesa vicisitudes similares a las que sucintamente hemos aludido; tomando como centro a Francia por ser el país donde se sancionaron y del cual se expandieron.
La Influencia de la Revolución francesa de 1789 en Hispanoamérica
La Revolución francesa de 1789 definió los derechos inalienables del pueblo en un documento que se denominó "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano".
El mismo fue sancionado por la Asamblea Constituyente el 26 de agosto de 1789. Entre los principios que se consagraron figuran el derecho a la libertad, (incluía la libertad religiosa, de opinión y de expresión), la igualdad, (se hacía hincapié en la igualdad de todos ante la ley), la propiedad, (que es declarada inviolable), la seguridad y la resistencia a la opresión (a todo gobierno injusto). La soberanía (poder supremo) reside en la Nación y entonces quien gobierna es un mandatario del pueblo, es decir, recibe órdenes de éste que es el mandante. La ley es la expresión de la voluntad general. Los impuestos a pagar deben ser proporcionales a los ingresos de cada uno. Como consecuencia de la revolución se había reemplazado la forma de gobierno monárquica por la republicana.
En la Asamblea Constituyente que promulgó en 1791 la primera Constitución francesa estableciendo una monarquía constitucional y la división de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Quienes se oponían a las medidas extremas se sentaban a la derecha; los que querían cambios profundos lo hacían a la izquierda; y los indefinidos, en el centro. Estos tres términos se utilizan en la actualidad para clasificar a los partidos políticos.
Las ideas proclamadas por los revolucionarios encontraron rápida difusión en la juventud ilustrada de toda la América hispana e inspiraron los movimientos independentistas.
Rubén Osvaldo Cané Nóbile
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, junto con los ideales de "libertad, igualdad y fraternidad" y la forma republicana de gobierno constituyen el legado de la Revolución Francesa de 1789.[1]
[1] Vázquez de Fernández, Silvia A., Historia 2. De la modernidad a los tiempos contemporáneos, Buenos Aires, Kapelusz, serie Horizonte, 1993, pág. 247.
