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20 DE JUNIO DÍA DE LA BANDERA BELGRANO, TODO POR LA PATRIA

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    dlcchivilcoy
  • 22 jun 2019
  • 14 Min. de lectura

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano fue un hombre que nació en una familia porteña de buena posición económica y si hubiera querido podría haber vivido una vida fácil. Sin embargo, fue una buena persona que entre sus virtudes tuvo la de ser altruista y muy patriota. Además, de ser un hombre comprometido con sus ideas y coherente con ellas las defendió y sostuvo con firmeza.

Gracias al poder adquisitivo de su familia pudo estudiar en España, primero estudia en la Universidad de Salamanca y luego en la de Valladolid donde se recibe de abogado en 1793. Estando en Europa toma conocimiento de las ideas de la Revolución Francesa y se siente influenciado por ellas.

Estas ideas consistían en defender la libertad individual, el respeto a la soberanía popular, es decir, que los gobiernos deben respetar la voluntad del pueblo, la igualdad, el derecho de resistir a todo gobierno injusto y la adopción de la forma de gobierno republicana cuya característica es el respeto por las libertades humanas y la división de poderes para evitar la excesiva concentración de poder en una sola persona. La monarquía como forma de gobierno parecía por esos años, inmediatamente posteriores a la Revolución Francesa de 1789, estar en decadencia.

Al regresar a nuestro país es designado secretario del Consulado (Institución colonial que se dedicaba a atender todos los asuntos relacionados con el comercio). Allí expuso sus opiniones sobre el librecambio y con espíritu progresista creó escuelas primarias, fundó la Escuela de Geometría, Arquitectura y Perspectiva y la de Náutica.

También tuvo inquietudes periodísticas y fue colaborador del periódico “El Telégrafo Mercantil” que comenzó a publicarse el 1 de abril del año 1801. Escribió en el “Semanario de Agricultura Industria y Comercio” que se publicó entre los años 1802 y 1807.

En marzo de 1810 comenzó a publicar un diario que denominó “Correo de Comercio” y que editó hasta febrero del año 1811.

Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 luchó contra los invasores y tuvo su primera experiencia militar en situación de guerra.

En 1810 España estaba invadida por Francia, que era gobernada por el emperador Napoleón Bonaparte, quien había tomado prisionero en 1808 al rey español Fernando VII y colocado en el trono a su hermano José Bonaparte. Éste asumió el poder con el nombre de José I. Ante el avance de las tropas francesas en territorio español la Junta Central de Sevilla (que gobernaba en nombre del rey cautivo) se disolvió y por lo tanto en Buenos Aires los patriotas, creyeron llegado el momento de decidir sobre el futuro de estas tierras y hacer que el pueblo americano reasuma su soberanía.

Por sus ideas liberales Belgrano integró el grupo revolucionario que protagonizó la Revolución del 25 de Mayo de 1810 y logró el cese en el mando del virrey Cisneros. Fue elegido vocal de la Primera Junta en la noche del 24 y mañana del 25 de mayo, cuando se levantaron firmas a favor de la instalación de nuestro primer gobierno patrio.

Viendo que en el seno de dicha Junta se producían ásperas discusiones entre el presidente de la misma, el comandante Cornelio Saavedra y el secretario, Dr. Mariano Moreno, decidió alejarse de esas luchas internas y colaborar con la revolución aceptando ponerse al mando de una expedición al Paraguay. Este era uno de los territorios que habían formado parte del Virreinato del Río de la Plata que no aceptó someterse a la autoridad de la Junta de Buenos Aires. Hacia allí fue enviado Belgrano con la orden de expandir la revolución y lograr que reconociera la autoridad de la Junta. A su paso, demostrando su voluntad civilizadora, fundó en 1810 los pueblos de Mandisoví en Entre Ríos y Curuzú Cuatiá en Corrientes y repartió tierras entre los indios.

En Paraguay Belgrano obtuvo una pequeña victoria en Campichuelo el 19 de diciembre de 1810, pero fue derrotado en las batallas de Paraguary el 19 de enero de 1811 y Tacuary el 9 de marzo de 1811, con lo cual la campaña militar fracasó. No obstante, Belgrano logró que los paraguayos se independizaran de España, pero lamentablemente no pudo impedir que ese territorio también se separase de Argentina.

Después de su campaña en el Paraguay fue designado jefe del ejército que combatía en la Banda Oriental, (actual Uruguay) contra los españoles que estaban sitiados en Montevideo, pero casi de inmediato debió regresar a la ciudad de Buenos Aires pues se habían producido cambios políticos durante su ausencia. El 18 de diciembre de 1810 con la incorporación de los diputados del interior la Primera Junta se había transformado en Junta Grande, al ser un Ejecutivo tan numeroso (22 miembros) no era eficaz, había muchas discusiones en su seno, en especial, entre morenistas y saavedristas, por lo cual los partidarios de este último protagonizaron durante la noche del 5 y 6 de abril de 1811 un motín que provocó la separación de todos los morenistas de la Junta y exigieron el juzgamiento de Belgrano para que explicara su fracaso en Paraguay. En este juicio Belgrano fue declarado inocente.

Cuando el Ejército del Norte, que estaba combatiendo en el Alto Perú, (actual Bolivia) fue derrotado en la batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811, los morenistas, aprovechando la ausencia de Saavedra de Buenos Aires que había ido al Norte a reorganizar dicho Ejército, dieron un golpe de Estado y provocaron la caída de la Junta Grande y su reemplazo por el Primer Triunvirato que puso a Belgrano al frente del Regimiento de Patricios, pero éstos rechazaron dicho nombramiento, pues querían que volviera a comandarlos Cornelio Saavedra, el jefe que tenían desde septiembre de 1806, cuando lo habían elegido para enfrentar a los ingleses en 1807, además, suponían que Belgrano era morenista y estaba enfrentado con Saavedra que en ese momento había sido despojado del mando y desterrado a San Juan.

Pese a todo ese rechazo Belgrano se hizo cargo del Regimiento, pero cuando ordenó, con la intención de disciplinar a la tropa que tenía fama de revoltosa, que todos sus miembros se cortaran las trenzas o coletas, que dejaban crecer como símbolo de este. La orden fue desobedecida y el 7 de diciembre de 1811 estalló un motín en el cual los Patricios exigían la remoción de Belgrano y el retorno de Saavedra.

Belgrano se dirigió al cuartel del Regimiento que estaba ubicado donde en la actualidad se encuentra la llamada “Manzana de las Luces”,[1] entre las calles Moreno, Alsina, Bolívar y Perú, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Su intención era restablecer el orden sólo con su presencia, pero recibió una desagradable sorpresa cuando escuchó que le gritaban “¡Muera Belgrano!” Sin asustarse se puso frente a ellos y les gritó “¡Si quieren que muera, dispárenme!”

Los amotinados no abrieron fuego, pero tampoco acataron la orden de Belgrano de volver al orden. Se hicieron algunos intentos de mediación para ver si se lograba convencerlos de deponer su actitud y como no se logró disuadirlos. Al entonces coronel José Rondeau[2] se le dio la orden de comenzar la represión. Los Patricios resistieron abriendo fuego ante el avance de las tropas de Rondeau. La lucha fue breve, pero intensa. Duró quince minutos al cabo de los cuales el Regimiento fue dominado al precio de cincuenta vidas que se perdieron en el tiroteo.

El Primer Triunvirato condenó a muerte a los cabecillas del motín. Once hombres, entre sargentos, cabos y soldados fueron fusilados y otros veinte fueron enviados a prisión en la isla Martín García con condenas que iban de los cuatro a los diez años.

El Regimiento de Patricios que ostentaba orgulloso el Nº 1 fue castigado y pasó a ser el Nº 5.

Cuando Belgrano fue puesto al mando del Regimiento de Patricios decide renunciar a la mitad de su sueldo mediante la siguiente nota:

"Excmo. [Excelentísimo] señor- Me presento a V. S. [Vuestra Señoría] manifestándole haber cumplido la orden que tuvo a bien comunicarme con fecha 13 para que me recibiera [tomara el mando] del regimiento número 1 haciéndome más honor del que merezco y fiando a mi cargo un servicio a que tal vez mis conocimientos no alcanzarán; procuraré con todos mis esfuerzos no desmentir el concepto que he debido a V. E. [Vuestra Excelencia] y hacerme digno de llamarme hijo de la Patria. En obsequio de ésta ofrezco a V. E. la mitad del sueldo que me corresponde; siéndome sensible no poder hacer demostración mayor, pues mis facultades son ningunas y mi subsistencia pende de aquél; pero en todo evento puedo también reducirme a la ración del soldado, si es necesario, para salvar la justa causa que con tanto honor sostiene V. E. Dios guarde a V. E. muchos años, Buenos Aires, noviembre 15 de 1811. Excmo. señor Manuel Belgrano. Al Excmo. Gobierno Ejecutivo de estas provincias".

A la cual el Primer Triunvirato la respondió expresando su gratitud con estas palabras:

"El contribuir todo ciudadano con su fuerza moral y física a los sagrados objetos de la justa causa, es su deber primero; pero desprenderse de lo que la Patria le franquea para su indispensable subsistencia, es retribuir a la Patria misma cuanto ha recibido de ella. Este hecho colma a este gobierno de las mayores satisfacciones y así para las de V. S. [Vuestra Señoría] como para que su ejemplo se transmita a sus hijos e inspire sentimientos tan dignos de la general estimación y del grande objeto que los promueve, se ha mandado publicar en Gaceta el oficio de V. S. del 15 pasado noviembre de 1811.

Dios guarde a V. S. muchos años, etc. Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea, Juan José Passo; Bernardino Rivadavia, secretario. Señor coronel del regimiento de Patricios, don Manuel Belgrano.

Gaceta, 6 de diciembre de 1811".

Finalmente Belgrano tomó el mando de dicho Regimiento y con él marchó a cumplir la nueva orden que le había dado el Primer Triunvirato: la construcción de dos baterías de cañones que impidieran el paso de naves españolas por el río Paraná. Belgrano así lo hizo y bautizó a ambas baterías con los nombres de Libertad e Independencia con lo cual expresaba claramente su idea de que debíamos marchar hacia la emancipación de España.

El 13 de febrero de 1812 estando al mando de las tropas que defendían esas baterías creó la escarapela nacional con los colores celeste y blanco. La que fue aprobada por el Primer Triunvirato el 18 de febrero del mismo año. Con esta creación Belgrano demostró su espíritu práctico, pues los uniformes de los soldados revolucionarios eran muy parecidos a los que usaban los realistas. Lo que ocasionaba confusiones en el combate y provocaba la muerte de algunos soldados que se mataban entre sí en medio del entrevero, sin darse cuenta que eran del mismo bando.

El 27 de febrero enarboló por primera vez la bandera nacional frente al río Paraná. La creación de la escarapela fue aceptada por el Primer Triunvirato, no así la bandera, pues el gobierno prefirió seguir fingiendo que juraba fidelidad a Fernando VII para no disgustarse con Inglaterra que era aliada de España en su lucha contra Napoleón y era nuestro principal cliente y proveedor.

Luego Belgrano fue puesto al mando del Ejército del Norte y ante el avance del ejército realista ordenó en agosto de 1812 el éxodo jujeño, mediante el cual la mayor parte de ese pueblo se replegó junto al ejército dejándole la tierra arrasada al enemigo.

Los realistas fueron derrotados en el combate de Las Piedras y esto levantó la moral del ejército y del pueblo, por lo que Belgrano decidió desobedecer la orden que le había dado el Primer Triunvirato de retroceder hasta Córdoba y decidió enfrentar al enemigo en Tucumán donde obtuvo una importante victoria el 24 de septiembre de 1812.

Esta victoria de Belgrano demostró que la política seguida por el Primer Triunvirato era equivocada y por ello el 8 de octubre de 1812 se produjo una revolución que provocó su caída y el surgimiento de un segundo Triunvirato con la obligación de convocar a todas las provincias a enviar a sus representantes a un Congreso General Constituyente.

El Gobierno lo quiso recompensar por haber salvado a la revolución con su triunfo en la batalla de Tucumán, pero una vez más Belgrano demostró su humildad y sencillez declinando honores.

“Tucumán, el 31 de octubre de 1812.

Excmo. Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Excmo. Señor:

Sirvo a la Patria sin otro objeto que el de verla constituida, y éste es el premio a que aspiro, habiendo mirado siempre los cargos que he ejercido como comisiones que se me han confiado, y que por aquel principio he debido desempeñar. Por esto V. E. me honra, tal vez creído de que tengo un relevante mérito y de que he sido el héroe de la acción del 24, confirmándome en el empleo de Brigadier de los Ejércitos de la Patria, y condecorándome con el honorífico título de Capitán General del Ejército.

Doy a V. E. las gracias más expresivas, pero para el bien de la Patria, ni para el buen servicio mío, hallo conveniente el honorífico título de Capitán General, y no veo en él sino más trabas para el trato social, mayores gastos y un aparato que nada importa sino para la vista del vulgar; por cuyas razones V. E. me permitirá, haciéndome una gracia, de que no lo use, contentándome únicamente con las facultades que me revisten por el cargo que ejerzo y las que me da en sus instrucciones del 20 del que fenece.

Expuse que no era conveniente para la Patria, porque es para aumentársele gastos con el sostén de una escolta que a nada conduce, pues el que procede bien de nada de eso necesita; ni tampoco para mi buen servicio, porque es una representación que me privaría de andar con la llaneza que acostumbro, de salir sin ese aparato a recorrer lo que importa al ejército, y me aumentaría también gastos que no es posible soportar.

Dios guarde a V. E.

MANUEL BELGRANO”

Belgrano persigue a los realistas hasta Salta donde vuelve a vencerlos el 20 de febrero de 1813. Por sus triunfos obtenidos en Tucumán y Salta recibió como premio $ 40.000 de aquella moneda (equivalentes a 80 kg de oro) que se negó a cobrar y le pidió al Gobierno que los destinara a la fundación de cuatro escuelas de primeras letras en Tarija (ciudad ubicada en la actualidad en Bolivia), Jujuy, Santiago del Estero, y Tucumán.

Luego sufre las derrotas de Vilcapugio el 1 de octubre de 1813 y de Ayohuma el 14 de noviembre del mismo año, con lo cual fracasa la Segunda Campaña al Alto Perú y se pierde todo ese territorio que hoy es Bolivia.

En 1812 Napoleón fue derrotado durante su campaña contra Rusia, Fernando VII recuperó el trono de España y la situación se tornó tan grave a fines de 1813 que la Asamblea disolvió al Segundo Triunvirato y creó el cargo de Director Supremo designando a Gervasio Antonio de Posadas para desempeñarlo, confiando que al concentrar el Poder Ejecutivo en una sola persona podría conjurar el peligro que significaba el retorno de Fernando VII al trono, máxime teniendo en cuenta que se sospechaba que España estaba preparando una expedición para enviarla contra el Río de la Plata.

El 3 de diciembre de 1813 San Martín se hizo cargo del Ejercito del Norte en reemplazo de Belgrano. En esas circunstancias se conocieron personalmente y ambos se brindaron muchos consejos útiles. San Martín le enseñó a Belgrano táctica militar y éste a San Martín a ganarse el cariño de la gente respetando su fe Católica.

Ambos patriotas se admiraban y respetaban mutuamente. José de San Martín era militar por vocación, sabía de armas y estrategias; Manuel Belgrano lo era para servir mejor a la Patria en esa circunstancia en que se estaba librando una guerra para liberarla, pero él era experto en leyes y economía. Cuando Belgrano supo que San Martín lo reemplazaría, le escribió una carta donde afirmaba: "estoy persuadido de que con usted se salvará la patria y el ejército será mejor". Por su parte San Martín cuando en 1816 hubo que reemplazar al general José Rondeau como jefe del Ejército del Norte, propuso a Belgrano, a quien describió como "lleno de integridad y talento natural; sin los conocimientos militares de un Bonaparte, pero es lo mejor que tenemos en América del Sur".

Belgrano fue enviado a Europa, donde permaneció entre 1814 y 1815, intentando negociar la paz con España, pero estas misiones diplomáticas que también fueron llevadas a cabo por Sarratea y Rivadavia estaban destinadas al fracaso, pues Fernando VII que había sido liberado por Napoleón y había recuperado el trono estaba obstinado en aplastar a todos los movimientos revolucionarios.

Debido a la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo y a que en el Congreso de Viena reunido en 1815 se había establecido el principio de legitimidad, mediante el cual recuperarían sus coronas todos los reyes destronados por Napoleón y se había formado la Santa Alianza, unión de reinos absolutistas que se comprometían a ayudarse mutuamente para aplastar a todos los movimientos revolucionarios que sostuvieran ideas liberales como el nuestro; la situación de los movimientos americanos emancipadores era dramática, pues los españoles habían lanzado a partir de 1814 una contraofensiva y habían aplastado a todos los movimientos rebeldes menos al de nuestro país. Además, en 1815, había terminado en un rotundo fracaso la Tercera Campaña al Alto Perú que había estado al mando del General Rondeau. Como consecuencia de este resultado quedaba nuevamente amenazado nuestro territorio desde el Norte por los realistas. Éstos lo invadirán constantemente entre 1816 y 1821. Tomarán siete veces la ciudad de Salta y otras tantas veces se verán obligados, no sólo a detener su avance allí, sino también a replegarse gracias a la agotadora guerra de guerrillas que les hicieron Güemes y sus gauchos. Ésta lucha tan tenaz de constantes escaramuzas con el enemigo terminará costándole la vida al caudillo salteño en 1821.

En 1816 se reúne un Congreso en la ciudad de Tucumán que en el mes de Mayo designa a Juan Martín de Pueyrredón Director Supremo y presionados por San Martín y Belgrano los congresales declaran la independencia el 9 de julio de 1816. El 25 de julio aceptan como bandera nacional a la creada por Belgrano a orillas del río Paraná.

Belgrano fue puesto nuevamente al mando del Ejército del Norte, cargo que desempeñó desde el 7 de agosto de 1816 hasta el 11 de diciembre de 1819. Fecha en que debió delegar el mando por razones de salud y trasladarse a Buenos Aires.

Sus últimos meses de vida los vivió en la pobreza, por ello antes de morir y viéndose sin dinero para pagarle sus honorarios al doctor Redhead -que lo había cuidado durante años- le entregó su reloj de oro que era lo único de valor material que le quedaba después de tantos años de luchas, sacrificios y privaciones.

En 1817 el Congreso de Tucumán se trasladó a Buenos Aires para estar junto al Director Supremo: Juan Martín de Pueyrredón que tenía a su cargo el Poder Ejecutivo, mientras que el Legislativo lo ejercía el Congreso, el cual el 22 de abril de 1819 sancionó una Constitución centralista, aristocrática que preparaba al país para la posible instalación de la monarquía. Por ello fue rechazada por las provincias que querían una Constitución que adoptara como forma de gobierno la representativa, republicana y federal.

En junio de 1819 terminó su mandato Pueyrredón y lo reemplazó Rondeau en el cargo de Director Supremo y se propuso imponer la Constitución de 1819 por la fuerza, pero fue derrotado por los caudillos federales López y Ramírez en la batalla de Cepeda el 1 de febrero de 1820. Rondeau renuncia y el Congreso se disuelve, con lo cual caen las autoridades nacionales y comienza la anarquía del año XX donde cada provincia queda gobernada por sus propias autoridades, la mayoría de ellas caudillos.

El 17 de febrero la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires elige gobernador a Manuel de Sarratea. El 2 de mayo Sarratea es obligado a renunciar por los partidarios del Directorio y es elegido en su reemplazo como gobernador de la provincia de Buenos Aires Ildefonso Ramos Mejía.

El 20 de Junio fue el día en que se agudizó más la crisis institucional a tal punto que ha sido llamado por algunos historiadores el día de los tres gobernadores o el primero de dos días sin gobernador, porque presionado por el caudillo santafesino López, y el entrerriano Ramírez, Ramos Mejía se vio obligado a renunciar. La Junta de Representantes, sin expedirse sobre el tema de la renuncia le ordenó que dejara el bastón de mando (símbolo de la autoridad de los gobernadores) en el Cabildo porteño. Por lo tanto, para algunos historiadores aunque sea formalmente todavía estaba en el ejercicio del poder ese día. Al mismo tiempo el general Soler, Comandante de las tropas de la campaña, (zona rural) se hace elegir gobernador de Buenos Aires por el Cabildo de Luján. En esas circunstancias Belgrano muy apenado, ya que estaba consciente y al tanto de lo que pasaba en su amada patria. Murió olvidado por sus conciudadanos y sumido en la extrema pobreza, a tal punto que para hacer la lápida de su tumba se debió emplear el mármol de una cómoda.

Pero este hombre abnegado que había tenido tanto desapego por las cosas materiales y que había renunciado a los halagos del éxito y los placeres de la vida por lograr la libertad y el engrandecimiento de nuestra patria, ni siquiera en el instante supremo de la muerte pensó en sí mismo, sino que sus últimas palabras fueron la exclamación ¡Ay Patria mía! Atormentado no sólo por sus dolores y por su vida que se extinguía, sino también por ver el caos en el que estaba inmerso el país y en su impotencia para remediar los males que lo llevaban a la disolución nacional.

Se extinguió así en la ciudad que lo vio nacer una vida consagrada por entero a la causa de la patria.

Años más tarde, (a destiempo, llegaría el arrepentimiento de la sociedad argentina, porque los reconocimientos hay que hacérselos en vida a quienes lo merecen), comenzaron los homenajes y agradecimientos. Justiciera conducta que felizmente se mantiene a través del tiempo.

Rubén Osvaldo Cané Nóbile

[1] Se llamaba “Manzana de las Luces” porque allí en la época colonial funcionó un colegio secundario llamado “Colegio de San Ignacio”, el cual fue fundado por los jesuitas y su nivel académico era tan elevado que de ese prestigio derivó el nombre que recibió la manzana. Después de la expulsión de los jesuitas en 1767 el Colegio fue clausurado y reabrió sus puertas en 1772 con el nombre de “Real Convictorio Carolino”, pero sus profesores no tuvieron el nivel de los jesuitas y su prestigio cayó sensiblemente.

[2] (Pronúnciese Rondó)

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