EFEMÉRIDES DEL MES DE FEBRERO 3 de febrero de 1813: Combate de San Lorenzo
- dlcchivilcoy
- 21 feb 2019
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José de San Martín había nacido en Yapeyú el 25 de febrero de 1778, pero se había radicado en España, donde se había formado militarmente. Participó hasta 1811 en la guerra española contra la invasión francesa, pero después sintió que tenía que volver a su lugar de origen para luchar por la libertad de su pueblo. Se puso en un principio al servicio del Primer Triunvirato, que le encomendó la formación de un cuerpo militar: los Granaderos a Caballo. Estaba tan orgulloso de sus integrantes que cariñosamente los llamaba “mis muchachos”. Los aspirantes a granaderos debían ser mayores de catorce años, altos y hábiles jinetes. Además de muchos criollos, incorporó trescientos aborígenes guaraníes de las antiguas Misiones Jesuíticas.
A los nuevos reclutas se los instruía en el manejo de las armas, tácticas de guerra y normas de higiene. Para distinguirse, recibían un nombre de guerra. San Martín, famoso por su habilidad con el sable, solía encargarse personalmente del adiestramiento.
Sus integrantes estaban sometidos a un severo reglamento que castigaba con la expulsión a todo aquel que transgrediera las siguientes normas:
“Por cobardía en acción de guerra, en la que aún agachar la cabeza será reputado tal.
Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.
Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado.
Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte.
Por trampas infames...
Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.
Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos.
Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad en sus juntas secretas.
Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.
Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.
Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo.
Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.
Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.
Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo”.[1]
Además, el Libertador fundó una asociación secreta para la lucha por la independencia americana: la Logia Lautaro. Cuando vio las medidas centralistas y arbitrarias que Rivadavia estaba tomando, participó por única vez en un golpe de Estado. Fue el que derrocó al Primer Triunvirato el 8 de octubre de 1812 y puso al Segundo Triunvirato en el poder.
En ese momento Montevideo era el último núcleo de resistencia realista en el Río de la Plata. La ciudad estaba sitiada por tierra por tropas independentistas que estaban al mando del entonces coronel José Rondeau, quien contó con la colaboración del caudillo oriental José Artigas. Como los realistas disponían de una flotilla, esta recibió la orden de atacar las estancias litoraleñas de nuestro actual territorio y robar ganado para poder alimentar a la población y tropa de la ciudad sitiada.
Enterado el Segundo Triunvirato que una escuadrilla realista había zarpado con tropas de desembarco para incursionar por las costas del Paraná, envió a San Martín para que al frente de su regimiento de Granaderos a Caballo impidiese la acción del enemigo.
El entonces coronel partió a fines de enero de 1813 con 120 hombres siguiendo al trote y al galope alternativamente una ruta paralela a las naves, para evitar que la polvareda levantada por los caballos fuera observada desde el río.
Por su parte la flotilla, compuesta por 11 embarcaciones y más de 300 hombres, impulsada por el viento favorable consiguió adelantarse dos jornadas sobre sus ocultos perseguidores.
El 30 de enero la flotilla ancló frente a San Lorenzo, veintidós kilómetros al norte de Rosario. Las costas altas formaban una amplia barranca y en lo alto de esa planicie, entre los arbustos, emergía el monasterio de San Carlos, convento de los religiosos franciscanos.
Los buques españoles anclaron frente al monasterio, a 200 metros de la orilla y de ellos desembarcaron unos cien hombres, en busca de provisiones. Los frailes franciscanos les permitieron tomar algunas gallinas, zapallos y melones, que eran lo único que le podían dar porque -en previsión de un ataque- el ganado había sido retirado de la costa con anterioridad. En ese momento atacó el comandante de la villa del Rosario, Celedonio Escalada con una fuerza de milicianos compuesta de 22 hombres armados con fusiles, 30 de caballería con chuzas, pistolas y sables. Además, contaban con un cañoncito de montaña manejado por media docena de artilleros que protegía el resto de su gente armada de cuchillos. Ante esto las fuerzas colonialistas se reembarcaron, mientras Escalada abría fuego con su cañón, pero los buques con sus piezas de mayor alcance le obligaron a suspender el ataque.[2]
Celedonio Escalada y sus milicianos en la escaramuza del 30 de enero de 1813. Pintura sobre relieve de Alberto Nassivera.[3]
Al caer la tarde del 2 de febrero, los granaderos llegaron a la posta de San Lorenzo, donde cambiaron sus agotados caballos. Allí San Martín se enteró de los movimientos del enemigo y tuvo la certeza de que elegirían esa zona para un desembarco.
San Martín se ocultó con sus efectivos en el monasterio y al amanecer del 3 de febrero de 1813 los realistas, a las órdenes del comandante Antonio Zabala, avanzaron en dirección al edificio. Eran 250 hombres, divididos en dos columnas de infantería en formación de combate con dos cañones en el centro. Esto nos hace pensar que el comandante realista -después de la escaramuza del 30 de enero- intuía la posibilidad de encontrar resistencia. Lo que explica que estuvieran preparados para repeler un posible ataque. Es decir, no fueron tomados totalmente por sorpresa. Adviértase que la metralla era disparada por la artillería, lo que implica que los cañones ya estaban preparados. La sorpresa consistió en que fueron atacados de un modo fulminante por un regimiento muy bien entrenado y valiente y no por una milicia que, aunque compuesta por hombres de coraje, estaba mal armada y sin una buena instrucción militar.
En esas circunstancias los granaderos embistieron resueltamente al enemigo, quien reaccionó con nutrido fuego de metralla y fusilería.
En medio del combate, un disparo de cañón derribó el caballo que montaba San Martín, quedando una de sus piernas apretada por el cuerpo del animal. Un enemigo se dispuso a ultimarlo, pero el granadero Baigorria atravesó con su lanza al soldado realista.
San Martín estuvo a punto de perder la vida, pues había quedado en una posición vulnerable que prácticamente le impedía defenderse. Un soldado realista alcanzó a ocasionarle una ligera herida con su sable en el rostro.[4] En ese momento el soldado Juan Bautista Cabral intervino providencialmente y ayudó a su jefe a incorporarse, pero recibió dos heridas que le ocasionaron la muerte horas después del combate.
En torno a San Martín se peleó intensamente, pero los granaderos lograron cubrirlo y alejar al enemigo.
San Martín elogió el comportamiento de Cabral en una carta que le escribió a la Asamblea del año XIII expresando:
“No puedo prescindir de recomendar particularmente a la familia del granadero Juan Bautista Cabral natural de Corrientes, que atravesado el cuerpo por dos heridas no se le oyeron otros ayes que los de viva la patria, muero contento por haber batido a los enemigos”.[5]
Pero no se ha encontrado ningún documento que pruebe que fue ascendido a sargento, sin embargo pasó a la posteridad como el sargento Cabral, ascendido por el pueblo argentino.
Con respecto al resto del parte del combate suscripto por San Martín, el mismo contiene un sucinto relato del mismo y llama poderosamente la atención el error que comete al citar el número de bajas propias; ya que como veremos los muertos no fueron 6 sino 16 en total, discriminadas así: 13 en el campo de batalla y 3 más que se produjeron con posterioridad al combate como luego detallaremos.
Combate de San Lorenzo, detalle de la carga de Granaderos a Caballo de Ángel Della Valle († 1903). Museo Histórico Nacional. Dominio público.[6]
Parte de batalla del Combate de San Lorenzo:
“Exmo. Señor: Tengo el honor de decir a V.E. [Vuestra Excelencia], que el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo a las armas de la patria. Los enemigos en número de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de San Lorenzo y se dirigieron, sin oposición, al colegio de San Carlos, conforme al plan que tenían madurado. En dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataqué por derecha e izquierda; hicieron no obstante una esforzada resistencia, sostenida por los fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano; al punto se replegaron en fuga a la bajada, dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros, de ellos 12 heridos, sin incluir los que se desplomaron y llevaron consigo, que por los regueros de sangre que se ven en las barrancas considero mayor número. Dos cañones, cuarenta fusiles, cuatro bayonetas y una bandera que pongo en manos de V.E., y la arrancó, con la vida, al abanderado el valiente oficial don Hipólito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos y los demás heridos. De este número son el capitán don Justo Bermúdez, y el teniente don Manuel Díaz Vélez que, avanzándose con energía hasta el borde de la barranca, cayó este recomendable oficial en manos del enemigo.
[Después se hizo un canje de prisioneros y Díaz Vélez murió en Buenos Aires al no poder reponerse de las heridas sufridas en el combate] El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria y atenciones de V.E.; cuento, entre estos, al esforzado y benemérito párroco, doctor Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla. Igualmente [lo] han contraído los oficiales voluntarios don Vicente Mármol y don Julián Corbera, que, a la par de los míos, permanecieron con denuedo en todos los peligros. Seguramente el valor y la intrepidez de los granaderos hubiera terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná si la proximidad de las bajadas, que ellos no desampararon, no hubiera protegido su fuga; pero me arrojo a pronosticar sin temor, que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar [a] estos pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo, febrero 3 de 1813.
José de San Martín”[7]
Lo cierto es que al cabo de quince minutos, la lucha se definió a favor de los independentistas. Los realistas huyeron dejando 40 muertos y 14 prisioneros, además de material bélico; los granaderos tuvieron 16 muertos y 27 heridos (las cifras difieren según las distintas fuentes).
Lo inexplicable del parte de San Martín es que haya señalado que sólo había sufrido 6 bajas mortales cuando del campo de batalla deben haber retirado 13 cadáveres y, de entre los heridos había 3 en grave estado que finalmente fallecieron. Comenzando por el soldado Juan Bautista Cabral que murió ese mismo día, horas después del combate, el capitán Justo Germán Bermúdez, el 14 de febrero y por último el teniente Manuel Díaz Vélez, el 20 de mayo de 1813.
Así la nómina total de caídos en el Regimiento de Granaderos a Caballos fue la siguiente:
Juanario Luna.
José Gregorio Franco.
Basilio Bustos, los tres primeros eran oriundos de la aldea de Renca (provincia de San Luis).
Feliciano Silva, de Corrientes.
Ramón Saavedra natural de Santiago del Estero.
Blas Vargas, de Santiago del Estero.
Ramón Amador, de La Rioja. En otro texto figura como uruguayo.[8]
Domingo Soriano, de La Rioja.
José Márquez, de Córdoba
José Manuel Díaz, de Córdoba.
Juan Mateo Gelvez, de Escobar, (provincia de Buenos Aires).
Domingo Porteau, de Labarthe-Rivière, (Francia).
Julián Alzogaray, de Chile.
Juan Bautista Cabral, de Corrientes.
Justo Germán Bermúdez, oriundo de Maldonado, (actual República Oriental del Uruguay).
Manuel Díaz Vélez, natural de la ciudad de Buenos Aires.[9]
[10]
La inexactitud de San Martín en este aspecto constituye un verdadero enigma histórico, pues no tenía ninguna necesidad de minimizar sus bajas habida cuenta que había obtenido un rápido triunfo sobre fuerzas enemigas que lo superaban en número, ya que con 120 granaderos había vencido a 250 soldados. Es decir, había estado en inferioridad numérica porque contaba con 130 soldados menos que su contrincante.
Cabe mencionar que el comandante Celedonio Escalada y sus milicianos también participaron del combate ocupando el centro del ataque entre ambas alas del Regimiento de Granaderos, ayuda que fue agradecida por San Martín en partes posteriores.[11]
Con respecto a un error que le atribuyó San Martín al capitán Bermúdez, comandante del ala izquierda del ataque, debemos mencionar que éste tenía órdenes de flanquear al enemigo y encontrarse con San Martín que comandaba el ala derecha justo en el centro del campo de batalla. Allí San Martín preveía darle nuevas órdenes, pero Bermúdez dio un rodeo más amplio del previsto por San Martín. Esto lo demoró y no impactaron en forma simultánea sobre las columnas enemigas las dos alas del Regimiento de Granaderos. Pero este aparente error, no lo es tal, porque los realistas no desembarcaron frente al convento como había previsto San Martín, sino hacia el centro de la actual ciudad de San Lorenzo y luego avanzaron hacia el convento en diagonal, por ello Bermúdez tuvo que dar un rodeo más amplio que lo demoró un instante.
Lamentablemente San Martín nunca comprendió esto y le seguía atribuyendo el error de haber abierto demasiado el flanco izquierdo del ataque al enemigo. Por ello en una carta que le envió al general Miller el 30 de junio de 1827, decía que el capitán Justo Bermúdez había sido un “Bravo oficial, pero novicio en la carrera”.[12]
Este encuentro -aunque de poca importancia militar- tiene gran trascendencia histórica, pues en él recibió su bautismo de fuego el regimiento creado por San Martín. Además, éste demostró con su arrojo que no era un espía español, (como sospechaban algunos) sino un hombre convencido de luchar por la libertad de la tierra que lo vio nacer y predicó coraje con su ejemplo a sus subordinados.
Como consecuencia de la derrota sufrida en San Lorenzo, los realistas cesaron temporariamente en sus incursiones, se pacificó el litoral y se mantuvieron las comunicaciones entre los pueblos ribereños.
Monumento conmemorativo del combate en el Campo de la Gloria, como se denomina al lugar donde se libró el histórico enfrentamiento.[13]
Rubén Cané
(Compilador)
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Regimiento_de_Granaderos_a_Caballo_General_San_Mart%C3%ADn. Consulta del 11/02/2019.
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Celedonio_Escalada. Consulta del 11/02/2019.
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Celedonio_Escalada. Consulta del 15/02/2019.
[4] http://sanmartin-zarate.com.ar/el-combate-de-san-lorenzo/. Consulta del 09/02/2019.
[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Bautista_Cabral. Consulta del 06/02/2019.
[6] https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=727439. Consulta del 06/02/2019.
[7]https://www.elhistoriador.com.ar/febo-asoma-mitos-y-verdades-sobre-el-combate-de-san-lorenzo-por-felipe-pigna/. Consulta del 09/02/2019.
[8] https://es.wikipedia.org/wiki/Justo_Germ%C3%A1n_Berm%C3%BAdez. Consulta del 09/02/2019.
[9] https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_D%C3%ADaz_V%C3%A9lez. Consulta del 09/02/2019.
[10] Luna, Félix, (Dir.), Historia Integral de la Argentina, Bs. As. Planeta. Edición especial para La Nación, 1ª ed. 2006, T. 1, Fascículo 48 El Ejército Argentino, pág. 568.
[11] https://es.wikipedia.org/wiki/Celedonio_Escalada. Consulta del 11/02/2019.
[12] https://es.wikipedia.org/wiki/Justo_Germ%C3%A1n_Berm%C3%BAdez. Consulta del 12/02/2019.
[13] https://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_San_Lorenzo. Consulta del 15/02/2019.
